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SOBRE MÍ

Biografía

Mérida, Yucatán, 1987. Si todos tenemos un código postal impregnado a la piel, ese es el mío.

Soy Paola Herrera Rodríguez y en el momento en el que abrí los ojos, respiré deporte. No puedo voltear la vista atrás y no recordar mi vida desde pequeñita rodeada de competencias, trajes con brillos, peinados muy estirados y ese olor a spray en el cabello que hasta el día de hoy me remonta a los más hermosos recuerdos, gimnasia rítmica. Un deporte que comí, bebí y respiré desde que tengo uso de razón.

Para mi madre, la gimnasia se volvió el mejor escape para mí. Y así, entre una alfombra, compañeras, aros y listones, viví el divorcio de mis padres. La primera de una serie de pequeñas «tragedias» por las que tienes que pasar para crecer.

Pero la realidad es que el deporte lo cura todo, o te hace olvidarlo todo. Tal vez fueron esos intensos días de repeticiones, de lanzar la pelota, el aro y las clavas una y otra vez, los que me convirtieron en una mujer acostumbrada a intentar hasta conseguir todo.

Fui una niña y adolescente deportista y por muchos pero muchos años entrenadora y juez de gimnasia rítmica. Tuve la oportunidad de ver el deporte desde todos los ángulos posibles. Hasta que surgió en mi la necesidad de hacer algo por los atletas yucatecos.

« Pero la realidad es que el deporte lo cura todo, o te hace olvidarlo todo »
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En el 2010 nació Xpresión Deportiva. Revista que dirigí por 5 años y que buscó desde sus inicios promover y reconocer el esfuerzo de los deportistas. Fui también vicepresidenta de la Asociación de Cronistas Deportivos de Yucatán en una época en donde las mujeres éramos muy pocas. Es en ese momento de mi historia en el que quise seguir creciendo en el periodismo.

Los distintos caminos de la vida me hicieron un día replantearme el rumbo y en medio del caos, de la desorientación y del gran deseo de tomar mis propias riendas, a finales de 2015 tomé un avión que me llevó a un lugar, para mí, hasta entonces desconocido. Un 12 de octubre, a 9,000 km de mi México, pisé por primera vez Madrid. Lo admito, ese mismo día supe que viviría aquí por mucho tiempo, más del programado.

Y, así inició la aventura de estudiar el master en Periodismo Deportivo del Diario Marca. Si me preguntan por qué sigo aquí después de haberlo terminado, la respuesta me la repito todos los días: porque en España se vive el mejor fútbol del mundo. Porque cuando salgo de casa estoy a 5 paradas en metro del Santiago Bernabéu y porque a tan solo 15 minutos de mi piso se vive un sueño.

Dejar nuestro país no es fácil. Vivo según mis convicciones y cada día me encuentro con nuevos muros que derribar, pero nunca olvido que tengo una etiqueta mexicana pegada al dorsal. Soy abogada de profesión pero convencida de que el periodismo es mi gran pasión y busco compartirlo con quien quiera mirar el mundo a través de mis ojos.

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SOBRE MÍ

Según mi madre

El nacimiento de mi primogénita fue una verdadera sorpresa. Llegué a mi consulta habitual y el médico me dijo que ya estaba pasada de peso y tenía que nacer inmediatamente. Fue una noche eterna en la que intentaba prepararme para algo totalmente desconocido. Me indujeron el parto a las 6:00 am. Los dolores fueron terribles pero nunca imaginé que las 14:00 horas del jueves 5 de marzo de 1987, esos dolores se convertirían en un amor sublime al tenerla entre mis brazos.

Ese momento lo tengo atesorado como lo mejor que he podido disfrutar en la vida. La experiencia no la cambio por nada del mundo, ese ser tan indefenso y tan hermoso de 3.600 kilos y 54 cm, era mío. Una muñeca de verdad, a la que amo por sobre todas las cosas.

Tenía tres años la primera vez que se quiso ir de casa. Metió dentro de una lonchera algunos calzoncitos y me avisó que se iba. Creo que esa fue la primera vez que sintió presión en su vida. Carito, mi segunda hija, estaba a punto de nacer. A esa edad creo que era difícil lidiar con el  hecho de tener que compartir el cariño de los padres y los abuelos.

La segunda vez que la vi sufrir fue un día que, en plena presentación, se le olvidó la rutina de gimnasia. Salió corriendo a mis brazos.

Es difícil ver sufrir a los hijos. Mi hija, intolerante al fracaso, después de mucha terapia de mami, volvió a pisar una alfombra y seguimos muchos años más disfrutando sus rutinas.

Fue una niña tímida y sensible pero a la vez valiente y decidida. Ha logrado todo lo que ha cruzado por su mente. Tal vez le exigí demasiado pero estoy segura que eduqué a una buena niña. Sus excelentes calificaciones en el colegio y en la universidad nos llenaron de orgullo durante muchos años.

Pero a los hijos hay que darles alas para volar y raíces para volver. Desde hace casi tres años mi muñeca vive lejos de casa. Se ha convertido en una gran mujer. Hoy la distancia nos separa físicamente, pero mi niña me ha dejado en el corazón lo más valioso del mundo, su amor.

SOBRE MÍ

Según Abío, mi abuelo materno

Mi querido tesoro. Sin duda alguna esta niña es el mejor regalo que Dios y su madre me han dado. Ya tenía algunos nietos antes de que Paola naciera, pero ella siempre fue especial.

Tal vez equivocadamente la miré como la más frágil, porque desde muy niña me mostró un amor incondicional. No creo haber conocido a una persona más cariñosa que mi nieta.

A veces le digo “la niña del sombrerito”. Su madre la vestía como a una muñequita, sin que nunca le faltara un sombrero en la cabeza. Mientras todos los niños jugaban en las fiestas, ella podía quedarse sentada horas con los adultos y el bendito sombrero. Siempre portándose demasiado correcta.

Cuando tenía dos años su madre le enseñó un poema, y como siempre ha tenido una memoria envidiable, la poníamos a recitar todo el tiempo.

La primera vez que nos tomamos de la mano, entramos a la iglesia juntos en una misa que ofrecimos por sus tres años. Nunca nos volvimos a soltar.

Desde pequeña me demostró una excelente calidad humana, siempre ha sido tenaz en todo lo que se propone. Tiene muchas virtudes: es inteligente, buena estudiante, deportista, responsable y muy valiente. Recuerdo que cuando regresaba de sus competencias, guardaba sus medallas en mi camioneta y se las enseñaba a todo mundo… No saben cómo me gusta presumir de mi nieta.

Hemos disfrutado muchos días juntos. Le encanta meterse a mi hamaca y puede escucharme hablar todo el día. Tenemos un secreto, y es que mi nieta un día me salvó la vida. Eso se lo recuerdo siempre. Después de mi infarto nos disfrutamos mucho más. Ahora está lejos, buscando cumplir sus sueños. Hacemos llamadas y nos vemos por vídeo. Podemos pasarnos mucho rato solo mirándonos,  sin hablar. A veces hay silencios que lo dicen todo.

El amor tan grande entre nosotros,  no tiene valor ni precio.  Para mí, esa niña es mi mayor orgullo.

SOBRE MÍ

Según Fer Quiroz, mi "hermana" en esta aventura

Facebook, 9 de septiembre 2015, 7:00pm.
«Hola Fernanda, ¿cómo estás? Yo también llego a Madrid en octubre, me quedo un año, voy a estudiar un máster en periodismo deportivo…»

Y así conocí a Paola Herrera, pero y… ¿quién era ella?

Madrid, Octubre 12, 2015, 7:47pm:
Ya había más confianza tras un mes de pláticas vía inbox.. «Qué onda, Fer!!!, ya estoy aquí». Era hora de conocernos en persona.

Madrid, Octubre 13, 2015, 2:51pm.
«Fer, nos vemos en el metro Plaza España, salida calle Leganitos, Ay, ojalá te encuentre, tengo chamarra azul, pantalón de mezclilla y botas… Belleza mexicana, obvio me encuentras»… y, literal, esas fueron las últimas palabras antes de conocer a Pao en persona… A partir de ese día, jamás nos separamos, y la parada de metro Plaza España, salida Leganitos, se ha convertido en mi parada de metro más habitual.

Y ahora, 3 años después respondo a la pregunta que me hice en un inicio, ¿Quién es Paola Herrera? Lo que comenzó como una aventura, como un sueño de venir a España a estudiar un máster en lo que a ella más le apasiona, se ha convertido en una nueva vida, en un empezar de cero, en una lucha constante, en un día a día de retos de altibajos, de sorpresas y puedo decirles que esa niña, es una guerrera, que ha venido a España sin idea de nada, sin conocer a nadie, que se separó de su familia, cosa que para ella ha sido lo más difícil. De sus abuelos, su mamá, Carito, Lunita, su querida Mérida, para ella lo es todo, era como un muégano, siempre pegada a ellos y, está aquí luchando por encontrar su camino.

Creo , bueno no creo, estoy segura de que si conoces a Paola, te quedas con ella para siempre, tiene un corazón gigante, es una persona auténtica. Yo de Pao he aprendido muchísimas cosas, sobre todo de fútbol.. jajaj, obvio no es lo más importante que he aprendido de ella, pero es algo que le admiro, que sabe lo que quiere, que lo tiene claro: PERIODISMO DEPORTIVO, y lo mejor de todo , es algo que le apasiona, que le gusta tanto que lo hace tan bien, y no lo digo porque sea mi amiga, en serio es la MEJOR!, tiene un don para escribir y para transmitir el momento, el lugar, las sensaciones, todo. Y yo, quiero que les enseñe, que les comparta sus palabras, que puedan leerla, y verán que lo que digo no es nada más que la verdad.

Doy Gracias al universo por haber puesto en mi camino a esta maravillosa mujer, mi hermana, mi amiga y mi fuerza en este país.

SOBRE MÍ

Según Michelle Espadas, mi amiga periodista

La distancia, el estar esperando a una bebé, tal vez me ponga más nostálgica de lo normal, pero haré todo lo posible para ser lo más objetiva en este pequeño relato…Desde que Paola me contó su anhelo de irse de México para cumplir su sueño, tengo que aceptar que en el fondo deseaba que algo la hiciera detenerse porque sabía que una hermana se iría de mi lado, pero hoy casi 4 años después entiendo que los kilómetros no le hacen mella a una verdadera amistad.

Paola… el sólo pensar en su nombre me propicia mucha ansiedad de verla y abrazarla, acepto que han habido días en que quisiera hablarle y decirle paso por ti, como solíamos hacer cada lunes, para ir por unas botanas pero sobre todo por unas buenas carcajadas.

No saben, Pao y yo hemos pasado desde los mejores momentos juntas hasta los más difíciles de enfrentar, y por muy hondos e infinitos que parecieran los ollancos, hemos salido victoriosas. ¿Quieren saber la verdad? A veces egoístamente quisiera que regresara, pero cuando la veo y la escucho realizarse como periodista en el complejo mundo deportivo, no me queda más que gozar con ella cada triunfo.

Cuando charlamos, me hace sentir que voy a su lado caminando en esas legendarias calles de Madrid, abordando el metro o tiradas en su piso con la mayor simpleza, pero gozando de la mayor felicidad.

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